← Blog3 de setiembre de 20263 min de lectura
El cine latinoamericano no cabe en Cannes
Rodaje de Entre polvo y sueños en la sierra
En mayo de 2026 la Competencia Oficial de Cannes se anunció sin una sola película latinoamericana. Ni brasileña, ni mexicana, ni argentina, ni colombiana, ni peruana. Cero. Y eso pasó apenas un año después de que Brasil ganara su primer Oscar a Mejor Película Internacional con Aún estoy aquí, de Walter Salles, en la ceremonia de marzo de 2025. La contradicción es tan grande que uno tiene la sensación de que el cine latinoamericano vive en dos calendarios distintos, el que celebra sus victorias y el que sigue negándole la mesa principal.
Un festival que no nos mira
En Cannes 2026 no hubo nadie de la región compitiendo por la Palma de Oro. La presencia latinoamericana quedó en Un Certain Regard con dos películas dirigidas por mujeres, El deshielo de la chilena Manuela Martelli y Siempre soy tu animal materno de la costarricense Valentina Maurel. Argentina apareció con El Partido, un documental sobre el 2 a 1 del Mundial 86 con Inglaterra, ubicado en la sección Cannes Premiere. Ese fue el mapa entero de un continente entero. No es un desliz de un año, es una tendencia que se explica menos por la calidad del cine latino y más por la política interna del festival, los sales agents que dominan la selección y una idea muy francesa de qué historia latinoamericana merece pantalla.
Vale la pena decirlo con calma. Nadie está pidiendo caridad. En 2024 Payal Kapadia con All We Imagine as Light se convirtió en la primera cineasta india en ganar el Grand Prix, en 2025 la Palma se fue a un cine iraní en el exilio con It Was Just an Accident de Panahi, y aun así la ausencia latinoamericana no fue reemplazada por una diversidad real, fue reemplazada por más de lo mismo. El mensaje que Cannes envía cuando limpia de una sola vez a Brasil, México, Argentina, Colombia y Perú de su competencia no es que estemos flojos, es que hay una idea fija de dónde le toca a Latinoamérica sentarse.
Donde sí estamos
El mismo año en que Cannes nos relegó, San Sebastián armó una sección Horizontes Latinos con doce películas. Doce, no una cortesía. Argentina, Chile, Colombia, Brasil, México y Paraguay compiten por un premio de 35 mil euros, con Siempre soy tu animal materno abriendo la sección y Narciso, del paraguayo Marcelo Martinessi, cerrándola. En Venecia, dos películas argentinas y una mexicana entraron a la Semana de la Crítica, y tres cintas colombianas se colaron entre la Mostra y la Semana Veneciana. Y en Los Ángeles el Oscar a Mejor Película Internacional ya lleva nombre brasileño en su historial reciente, con una película en portugués, sobre la dictadura brasileña, dirigida por un cineasta de la región. El mapa completo no dice que nuestro cine sea marginal, dice que hay festivales donde nos toman en serio y otros donde todavía funcionamos como exotismo curado.
Lo que esto le dice a un director peruano
Yo entré al circuito por el documental. Entre polvo y sueños ha ido a festivales de cuatro continentes y no aterrizó en Cannes porque no fue diseñado para caber ahí. Se hizo en la sierra peruana, con mujeres mineras artesanales, con un presupuesto que no rima con las estrategias de venta que ordenan la Croisette. Y viajó igual, salas europeas, salas africanas, salas asiáticas. Ese es el aprendizaje que este 2026 vuelve más claro. Si un director latinoamericano ordena su carrera solo por el sueño de Cannes, se va a pasar la vida esperando que un comité francés lo autorice a existir. Lo que sí funciona es entender que hay un circuito paralelo, más largo, más plural, más honesto, que llama por su nombre a lo que hacemos y no lo obliga a disfrazarse de otra cosa.
Cierre
El cine latinoamericano no está en crisis. Está en otra habitación. La pregunta ya no es cómo entrar a la que nos incomoda, sino qué seguimos construyendo en la que sí nos escucha.
Jose Adrianzen es director y productor. Su documental Entre polvo y sueños recorre festivales de cuatro continentes.