← Blog26 de agosto de 20262 min de lectura
El cine peruano no está donde lo buscan
Rodaje de Entre polvo y sueños
Cada cierto tiempo alguien declara que el cine peruano está en crisis. Lo dicen mirando la cartelera de los multicines de Lima, y desde ahí tienen razón. Los estrenos nacionales son pocos y duran poco. Pero esa es una foto tomada desde una sola ventana. Si uno se aleja de la cartelera y mira dónde se está filmando, la imagen cambia.
Se filma más que nunca, y más lejos que nunca
Hoy una cámara capaz de registrar imagen de cine cabe en una mochila. Eso, que suena a detalle técnico, cambió el mapa. Ya no hace falta que una historia pase por Lima para convertirse en película. Se está filmando en Ayacucho, en Cusco, en Puno, en la selva, en la pampa. Historias que antes no llegaban ni a la etapa de guion porque el equipo costaba más que la casa del protagonista.
Ese cine no siempre llega al multicine, y quizá ese nunca fue su destino. Circula por festivales, muestras regionales, aulas, plazas. Es un circuito menos visible pero real, y está creciendo.
El documental es la puerta
No es casualidad que buena parte de ese movimiento sea documental. El documental exige menos plata y más paciencia, tiempo para ganarse la confianza de la gente, para volver, para esperar la luz. En un país con tantas historias no contadas, esa paciencia rinde más que cualquier presupuesto.
Y hay algo más. El documental obliga a escuchar. Uno llega con una idea de la película y la realidad se la corrige. Los personajes no dicen lo que el guion quería, dicen algo mejor. Aprender a filmar eso (lo que la realidad ofrece en vez de lo que uno planeó) es probablemente la mejor escuela de dirección que existe.
Los festivales como sala de estreno
Para una película peruana independiente, el festival ya no es el adorno, es la sala de estreno. Ahí encuentra público, prensa, otros directores, y a veces el empujón que le abre la siguiente puerta. Un corto que gana en un festival pequeño de otro país no se vuelve famoso, pero se vuelve posible. Alguien lo vio, alguien lo programó, alguien pregunta qué sigue.
Eso también cambia el oficio. Ya no basta con dirigir, hay que saber mover la película, escribir a los programadores, armar el kit de prensa, insistir. Es la parte menos romántica del cine y una de las más decisivas.
Lo que falta
Falta lo de siempre. Pantallas para que ese cine se encuentre con su público, fondos que no dependan del humor político de turno, y crítica que mire más allá de los estrenos comerciales. Pero conviene decirlo sin dramatismo, porque el diagnóstico de crisis permanente termina siendo una profecía cómoda. Si todo está en crisis, nada vale la pena.
La verdad es menos cómoda y más alentadora. El cine peruano existe, se está haciendo ahora mismo, casi siempre sin permiso y casi siempre lejos de donde lo buscan. La próxima vez que alguien pregunte dónde está, la respuesta corta es en el camino, filmando.
Jose Adrianzen es director y productor. Su documental Entre polvo y sueños recorre festivales de cuatro continentes.